El uso del engaño es mucho más influyente de lo uno  se puede imaginar, pues la gente utiliza el engaño desde su nacimiento hasta su muerte,  y aún después de ella formamos leyendas y mitos sobre determinados hombres, lugares o acciones en relación con el pasado,  lo  engrandecemos o minimizamos a nuestro antojo; según dicte los caminos de la historia.

Gran parte de este mundo es ficción, mentira; una multitud de  sombras que alzamos y se diluyen lentamente en los pasadizos de nuestra existencia,  tratamos de construir con ellas  una armadura, una nueva identidad para ocultar nuestra verdadera naturaleza por temor a desencantarnos con la realidad, de ver sus limitaciones y la miseria que nos rodea; de sentirnos  solo contra un mundo indiferente a lo que se siente, piensa y dice.

Es en este mundo artificial donde podemos  dar libre vuelo a nuestra imaginación, pues nos sentimos en él seres supremos; seres más allá de lo que es posible, decidiendo que cosas del mundo real están permitidas en nuestro reino de fantasía; y es que preferimos vivir así, pues la realidad solo nos complica la existencia, nos llevaría a una sin razón de preguntas, de infinitos por qué.

Así  pues, verdad y mentira, ficción y realidad viven en este universo, mezclados en todo tiempo y lugar, llegando muchas veces a construir verdades sobre la base de mentiras y mentiras sobre la base de verdades, ya que solo depende del cristal en que se vea la situación, en la cual por nuestra libertad decidimos negarla o aceptarla como cual carga pesada o liberación, es acá  en esta decisión que se me viene dos preguntas que tratarían de resolver ese problema: ¿Desde cuándo el hombre se comenzó a mentir a sí mismo y como el engaño se fundió con la realidad? ¿Somos capaces de reconocer cuanto de nosotros es  verdad y cuanto es mentira?, tratar de responderlas basándose en situaciones lógicas para que todo funcione mecánicamente seria un exceso, una formalidad que en muchos casos no satisficiera nuestras expectativas y nos limitaría;  a mi parecer, lo más probable es que fue el deseo del los hombres de tratar de explicarse los principios que hacen mover a la naturaleza y a ellos mismos, pero en su intento fracaso y simplemente para rellenar esa frustración producida varios comenzaron a fabricar teorías, formula, leyes y dogmas al que le dieron carácter de universales para poder dominar el mundo rehusándose a aceptar los principios de la naturaleza e imponiéndose entre ellos sus leyes de forma obligatoria, pero al  unir estas leyes a la realidad, en vez de liberarlos completamente su monstruosa creación los aprisiono cada vez más, como las termes que construyen a ciegas sus colmenas  y reniegan del sol; se volvieron cada vez más dependientes de su sistema pues ante cada nueva situación crean normas sucesivamente y cada vez más se aprisionan ellos mismos.

Otro grupo de ellos fue más allá, no quisieron vivir en ese mundo que los frustro y su genio los llevo a crear mundos aun más extraños, en las cuales agregaron su esencia  y  algo más: personas, tiempos y lugares fuera de contexto,  logrando  crear lo que los otros no pudieron hacer: Un mundo perfecto; pero no tomaron en cuenta que ese mundo dado por ellos a los demás tendrían varias explicaciones, pues no es obligatorio que todos piensen como ellos, sino que simplemente sientan, busquen su propio lugar, animándolos a construir lo que ellos soñaron, pero su mundo no pueden existir pues no respetan las leyes de esta realidad, y solo quedan como recuerdos escritos en un papel, pero sus ideas siempre nos llevan a tratar de cambiar este mundo en que vivimos por más absurdo e imposible que sea.

También hubo quienes se dieron cuenta de sus limitaciones; de su papel en este mundo y aceptaron las reglas de la naturaleza, volvieron a buscar explicaciones pero ya no para averiguar lo que hay detrás de ella sino para comprender sus efectos para tratar sino ya no dominarla por lo menos hacerla más grata, ellos comprendieron que todo se basa en sus principios, reglas de juego que ella les propone, y lo aplicaron entre ellos mediante consensos 

Respondiendo a la segunda pregunta, me doy cuenta de que es la mentira lo que le da algo de relevancia a nuestras vidas, ya sea en historias fantásticas, la exageración de algún hecho, pues todo lo que vemos en este mundo sé discurre en un tal vez,  pues nunca lo sabremos a ciencia cierta, pues no todos somos iguales, somos historias diferentes, experiencias distintas y universos  extraños muchas veces incomprensibles que solo reflejan un pequeño fulgor en la oscuridad.

Podría decir para terminar que la verdad es como el oxigeno puro, que aunque nos es necesario para vivir, no lo podemos respirar por la sencilla razón de que en ese estado nos asfixiaría, necesitamos enviciarlo con el engaño para poder respirarlo sin problemas, está en nuestras manos cuanto queremos enviciarlo para hacer más agradable nuestras vidas

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