El hombre bajo del camión y caminó hacia la entrada de la puerta; era de porte galante, cabello engominado, uniforme impecable, chaqueta llena de condecoraciones, en sus mano derecha cargaba un ramo de flores y en la izquierda un casco,  en su mirada se notaba cierta emoción y nerviosismo; había regresado hace unos días para admiración de los vecinos  pues  lo último que sabían de él es que  se había enrolado con los gringos y  partido hace un año, 6 meses, 3 semanas y cuarenta días hacía los Estados Unidos y luego rumbo a Europa… pero ahí estaba en el pueblo, esperando a que alguien le abriera la puerta. Tocó una, dos, tres veces antes de que la empleada abriera la puerta y se diera un susto como quien viera a un alma en pena, el pregunto súbitamente antes que ella se recuperara del espanto:

–          Hola, esta Juana

–          Jo… joven Germán, esta us…usted, usted está vivo

–          Si, Carmela soy yo… ¿donde está Juana? 

–          La señorita esta….esta… en los viñedos, espere aquí que yo le voy a avisar

–          No te preocupes, yo voy a buscarla

Dicho esto entro al vestíbulo y rodeo la sala, comenzó a caminar despacio con el brazo rozando las paredes, tratando de recordar el aroma y los recuerdos que habitaban aquella casona, cruzó el patio y los corrales de los pavos, llegando a la bodega, comenzó a pensar cuanto tiempo había estado afuera, como había cambiado el pueblo, las casas, las personas; se pregunto quién había cambiado mas si era él o los demás; luego cerró los ojos y  sonrió dándose cuenta de la estúpida de su pregunta…

Ya en la viña, la diviso a lo lejos, sentada en el mismo pino, donde tiempo antes se encontraban a escondidas -pues el padre de ella, Don Moisés, no lo quería por ser un mozo aventurero, a pesar de ser de buena familia- su cabellera negra y ondulado era revoloteado por  el viento, con los pies descalzos y enterrados en aquella tierra húmeda, miraba al zanjón que emergía súbitamente de la quebrada  y desaparecía  en el lecho del rio … El se acerco con sigilo y le tapo los ojos, ella grito  con emoción: Germán, has vuelto.. Él la abrazo fuertemente a la cintura y giro con Juana diciéndole: Soy yo, Juana… nada ni nadie nos va a separar y la besó fuertemente.

Ella se separo rápidamente  llorando de alegría:

–          Eres un idiota, Germán, podían haberte matado, y yo aquí llorando como una Magdalena…

–          La culpa fue también tuya, cuando me dijiste que no me querías, que mi vida era un desastre y no cabías en él, me sentí morir por dentro y busque la forma de olvidarte pero no pude… ya no llores, yo también tuve tanta culpa como tú.. vamos lo importante es recuperar el tiempo perdido…volver a amar como antes

–          Como antes, no, nunca como antes, sino todo lo contrario, porque nos hemos amado desde siempre, aún cuando estuvimos separados uno del otro ambos pensábamos igual…

Ella lo cogió del brazo y caminaron hacia la casa, dejando al pie del pino, ilusiones florecientes, un ramo de flores y un viejo casco….

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